Feminismo Comunitario

Feminismo Comunitario


La columna vertebral de nuestro colectivo es el Feminismo Comunitario. Nuestra lucha nace de nuestro reconocimiento como mujeres en búsqueda de libertad, independencia y bienestar para nuestras familias y nuestro entorno. Vamos caminando, rompiendo con cada paso las estructuras que nos han mantenido al margen para deslindarnos del patriarcado y el colonialismo, y llegar así a construir nuestras vidas desde nuestra propia identidad. 

 

 

MANIFESTO DE FEMINISMO COMUNITARIO

Hemos identificado que el mayor reto para la mujer en Hueyapan es abrirse paso en una estructura social donde el hombre es quien posee el poder, y como consecuencia, se han generado tradiciones que perpetúan la subordinación de la mujer. 

Se trata de una opresión sistémica, donde la mujer tiene poco acceso a la educación y culturalmente está destinada a desempeñar exclusivamente actividades domésticas. Sin embargo, a pesar de estar atadas a estos roles por la misma sociedad,  las actividades reproductivas realizadas por las mujeres son menospreciadas por ésta, ya que no se reconocen como valiosas desde términos económicos. Esto ha resultado en una autodefinición limitada de lo que es ser mujer, encontrándose únicamente en los papeles de esposas y madres, sin espacio para la realización personal fuera de estos márgenes impuestos, creando y perpetuando una fuerte dependencia, tanto económica como emocional, de la mujer al hombre.

Gracias a la interculturalidad, que caracteriza a nuestra colectiva, nos hemos encontrado en la otra para conocer las realidades de las mujeres en distintos contextos. Por medio de nuestra convivencia, conversaciones y reflexiones colectivas identificamos que, sin importar el lugar o la cultura, la lucha por cambiar la forma en que nos entendemos, como hombre y mujeres, es compartida. 

En Chiwik, formamos el espacio para repensarnos, defender nuestro cuerpo como territorio, definir nuestros espacios y lugares de convivencia. Nos unimos y nos amamos para defender aquello que nos han querido arrebatar por años: nuestra integridad. A través de conversaciones dentro de la colectiva, vamos rompiendo el silencio para de-construir entre todas aquellas realidades impuestas, para descubrir lo que nos hace sentir orgullosas y lo que deseamos dejar de replicar con nosotras mismas y con los demás. 

Este trabajo de cuestionamiento y reflexión, nos lleva a una desestructuración de lo impuesto, para crear nuevas dinámicas desde cada una de nosotras. De esta forma, nos asumimos como feministas, pero sin olvidarnos de nuestros principios como artesanas, profesionistas, mujeres indígenas, e individuos, teniendo siempre presente a la Madre Tierra. 

En nuestra mente se encuentra constantemente la pregunta ¿Qué es lo que verdaderamente queremos rescatar y qué es lo que queremos dejar de replicar?. Es así como recuperamos territorios expropiados, a nuestro cuerpos que generan vida, y construimos una plenitud colectiva. 

“Nos damos la oportunidad de estar implícitas con nuestras acciones, como cuando los nacimientos de agua son encauzados a un destino, prefiriendo secarse y nacer en otros espacios, tal vez menos privilegiados, pero íntegros en su qué hacer”. 

 

Emilia Flores Martínez

Fundadora de la colectiva Chiwik

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